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"PERSPECTIVA EVANGÉLICA DEL MOVIMIENTO MESIÁNICO ACTUAL"

 

 

 

 

 


Prof. Joaquín Yebra.

Alcobendas (Madrid), Sábado 9 de Junio de 2001.

SEMINARIO TEOLÓGICO DE LA UNIÓN EVANGÉLICA BAUTISTA ESPAÑOLA
CLASES PRESENCIALES - SEMINARIO EN EXTENSIÓN * 9 -10 DEJUNIO, 2001.
Sábado 9 de Junio de 2001.

PONENCIA: "PERSPECTIVA EVANGÉLICA DEL MOVIMIENTO MESIÁNICO ACTUAL"

Prof. Joaquín Yebra.

 

 

Introducción:

Estamos viviendo días muy señalados en la economía de la salvación. Y un indicio al respecto, entre muchos otros, es que cada día son más los judíos que reconocen a "Yeshúa" -latinizado "Jesús"- como su Mesías y Salvador personal. Estos judíos, que no dejan de serlo por seguir a Jesús, son los que prefieren denominarse "Judíos Mesiánicos". Reconocen que de muy diversas procedencias hemos venido a los pies del Mesías -algunos del ateísmo, o de las iglesias históricas y su cristianismo nominal, y otros del judaísmo- pero por una sola sangre hemos sido lavados, y por un solo Espíritu hemos sido regenerados, y por un solo sacrificio hemos sido redimidos; por una sola resurrección hemos sido declarados justos, y porque ahora reina Jesús a la diestra de Dios Padre, todos los redimidos tendremos acceso por la fe en Jesús de Nazaret a la presencia de Dios, en el poder del nombre de Jesús-en hebreo "Yeshúa"- quien fue inmolado, resucitado y glorificado.

Vamos, pues, a iniciar esta ponencia sobre el Judaísmo Mesiánico -también conocido en algunos círculos como Hebreo-Cristianismo, según se enfaticen más los elementos judíos o los cristianos- tratando de contestar a las preguntas más frecuentes al respecto, y vamos a hacerlo, naturalmente, aproximando nuestra perspectiva evangélica a las fuentes judeo-mesiánicas.

¿Qué es el Judaísmo Mesiánico?

El Judaísmo Mesiánico es un movimiento del pueblo judío que cree en Yeshúa como el Mesías y Salvador para Israel y para el mundo. Los judíos mesiánicos no han dejado de ser judíos.

¿Qué diferencia existe entre el Judaísmo Mesiánico y el Judaísmo Rabínico?

El Judaísmo Rabínico es el que se forma en torno a las enseñanzas de los sabios y rabinos de Israel. Su formación comenzó hace mil novecientos años, cuando fue destruido el Segundo Templo y cesó el sistema sacrificial del sacerdocio levítico. Anteriormente no puede hablarse estrictamente de "Judaísmo", por cuanto la religión de Israel estaba centrada en el Templo y en el sistema sacrificial, mientras que el "judaísmo", con todo rigor, se centra en torno a la sinagoga, principalmente en el ámbito de la diáspora. Después de la destrucción del Templo los rabinos introdujeron muchas leyes y normas como defensa contra la dispersión y la asimilación, como es el caso del Talmud, el cual forma hoy el fundamento del Judaísmo Rabínico.

El Judaísmo Rabínico consiste de varias ramas, entre las cuales las principales son: El Judaísmo Ortodoxo, el Jasídico, el Reformado, el Conservador, y el Humanista.

El Judaísmo Ortodoxo viene de los fariseos. Creen y esperan a un Mesías personal y en el "Mundo-por-venir". La mayoría de ellos creen que el Talmud es igual a la Biblia en autoridad.
El Movimiento Jasídico forma parte, a efectos prácticos, de la rama ortodoxa. Comenzó en la Europa Oriental a finales del siglo XVIII. Con mucha frecuencia incluye un buen grado de reverencia al "Rebbe", el Baal Shem Tov, su fundador. Su inclinación es totalmente mística. En algunos de sus grupos se acepta abiertamente la reencarnación, y en los últimos años muchos se han abierto a los principios místicos de la Nueva Era (New Age). Su tendencia general es hacia el aislamiento, incluso respecto a los propios judíos.

El Judaísmo Reformado es la rama que nació durante el período de la Ilustración alemana, a principios del siglo XIX. Liberalizó muchas leyes y tradiciones, particularmente lo referente a la observancia del Shabat y las normas dietéticas de la cashrut. También quitaron el énfasis en lo
sobrenatural. Fue una manera de procurar que el pueblo judío pudiera encajar en la sociedad occidental en general, y en la alemana en particular, reteniendo la moral y la ética judías. Niegan la existencia de un Mesías personal, y tampoco creen en la existencia de un cielo y un infierno, lo que les aproxima en este sentido a la postura protestante de la "escatología realizada" de C.H. Dodd. Sin embargo, su liberalismo no les salvó de la persecución nazi.

El Judaísmo Conservador fue, realmente, una reacción al Judaísmo Reformado. Pudiera decirse que el movimiento conservador se puede ubicar entre el Judaísmo Ortodoxo y el Reformado. Su característica es una mayor libertad en cuanto al cambio de las leyes y tradiciones.

El Judaísmo Humanista podría definirse como un "judaísmo sin Dios", con enfoque humanista, es decir, centrado en el hombre, y de manera particular en el pueblo judío. Este Judaísmo-Humanista-Secular está muy extendido por los Estados Unidos de América, y tiene su "sede" en el Templo Birmingham, en Detroit, Michigan, EE.UU. de América.

El Judaísmo Mesiánico difiere por cuanto acepta y confía plenamente en las Sagradas Escrituras. "Nuestra fe es el Judaísmo de la Biblia, y está centrado en torno al Mesías, y afirma que no es necesario ir por medio de los sabios y rabinos para conocer a Dios, sino que tenemos acceso al Señor por medio de la obra expiatoria del Mesías Yeshúa, quien nos ha completado como judíos creyentes, y, por lo tanto, ha completado nuestro judaísmo". ("The Messianic Times, Sinagoga Shoresh David, Tampa, Florida, USA.).

¿En qué difiere el Judaísmo Mesiánico del Cristianismo Tradicional?

El Judaísmo Mesiánico afirma ser uno en el Espíritu Santo con todos los verdaderos cristianos gentiles, nacidos de nuevo, pero se reserva el derecho de su propia expresión de fe en el Mesías. El Judaísmo Mesiánico mantiene que es judío creer en Yeshúa, y, al mismo tiempo, observar las fiestas dadas por Dios a Israel (no "fiestas judías", sino "fiestas solemnes del Señor"), mientras afirma que el único camino para ser salvos y ser verdaderamente renacidos del Espíritu Santo es por medio de la fe en la obra expiatoria del Mesías Yeshúa.


¿Cuándo comenzó el Judaísmo Mesiánico?

El Judaísmo Mesiánico nace con Jesús y sus discípulos y apóstoles, todos ellos judíos, como el propio Jesús, quien se crió en un hogar judío, vivió como judío, y murió como Rey de los judíos. Todos los escritores del Nuevo Testamento eran judíos; Jesús ministró a los judíos en la tierra judía; y bastantes historiadores afirman que en el siglo primero más de un millón de judíos, tanto dentro de la tierra de Israel como en la diáspora, profesaban su fe en Yeshúa como Mesías de Israel y Salvador del mundo. (Hechos 2:37-42, 47; 4:4-6; 6:7; 9:31; 21:20). Muchas evidencias históricas muestran que durante el primer siglo eran literalmente judíos mesiánicos la casi absoluta totalidad de la Cristiandad. De modo que, desde esta perspectiva, los judíos del primer siglo que rindieron sus vidas a Jesús no se "convirtieron" al "cristianismo", como casi la totalidad de los teólogos cristianos han afirmado y afirman, sino que la "iglesia primitiva" no es nada más que un eufemismo para no reconocer que se trataba de la Comunidad Judía Mesiánica.

Los acontecimientos del capítulo 10 de los Hechos de los Apóstoles dan sobrada cuenta de que los judíos mesiánicos comprendieron que el mensaje de Yeshúa era para todas las naciones (etnias), cumpliéndose de ese modo la profecía bíblica: (Génesis 12:3; Isaías 49:6; 42:6).
Dios mostró milagrosamente a los judíos mesiánicos que Él era el Mesías tanto de los hebreos como de los gentiles: Del judío primeramente, y del gentil igualmente: (Romanos 1:16.).

Irónicamente, en el primer siglo la controversia no era si los judíos podían creer en Yeshúa como Mesías, sino si los gentiles podían creer en Yeshúa sin convertirse primeramente al judaísmo. La respuesta de los apóstoles -todos ellos judíos- no puede ser más clara, según se desprende de las conclusiones del Concilio de Jerusalem, como leemos en el Libro de los Hechos de los Apóstoles 15: 7-20, 23-32.

Como resultado de la predicación del Evangelio, un gran contingente de gentiles entraron en la fe de Yeshúa. Esto contribuyó notablemente en el proceso de "desjudaización" de la fe mesiánica, particularmente después de la muerte de los apóstoles, hasta alcanzar su punto culminante en el sincretismo constantiniano. Aquí conviene tener muy presente el hecho de que Constantino el Grande, fundador de la dinastía, fue un adorador del dios solar Mitra, una deidad iraní estrechamente relacionada con la astrología (de ahí que sus representaciones contengan siempre animales a su alrededor, en representación de las constelaciones zodiacales). El culto a Mitra había sido traído a Roma por algunos soldados, entre quienes había llegado a ser una religión bastante ligada a las fuerzas armadas imperiales. De manera que la conversión del emperador Constantino (313 d.C.) no fue tanto al cristianismo, entendido como fe mesiánica, sino más bien la aplicación de una careta cristiana al mitraísmo, el cual quedó perfectamente disfrazado dentro de la nueva religión oficial del Imperio Romano y sus pretensiones de universalidad. De hecho, muchos de los sacerdotes de Mitra, también llamado Tamuz, pasaron a las filas del "cristianismo constantiniano" sin mucha dificultad.
Cualquier observador medianamente instruido puede comprobar cómo se conservan los rasgos del mitraísmo perfectamente presentes en el solideo papal, en la forma redonda de la hostia -alusiva al disco solar-, en el sagrario y su frecuente uso de los rayos solares como elemento decorativo, en las vestiduras pontificales del alto clero romano, y en la adoración de la santa cruz, símbolo de la inicial de Tamuz, introducida en el siglo IV por medio de Helena, madre de Constantino el Grande, junto con las imágenes, además de muchos otros detalles más o menos significativos. Entre ellos cabría mencionar la adoración ceremoniosa-ritualística, la oración por los difuntos, la veneración de las reliquias (huesos y cabellos de los "santos"), los edificios y mobiliarios lujosos, etc. En ese caldo de cultivo pronto aparecerían los elementos precisos para llegar al triple culto de la latría, la dulía y la hiperdulía, así como el purgatorio y el celibato forzoso, todo ello fruto del distanciamiento de las raíces judías de la fe. De ahí también todos los esfuerzos históricos por impedir, desde la iglesia estatal, que la Biblia llegara a las lenguas de los pueblos... ¡Nada tan judío como la Biblia!

Al reducirse el número de hebreos frente al cada día mayor contingente de gentiles dentro del seno de las comunidades mesiánicas, las raíces judías de la fe cristiana eventualmente se fueron debilitando hasta perderse en gran manera. Poco a poco fue desarrollándose el rechazo y la deslegitimación de la Iglesia hacia todo lo judío, especialmente por la influencia de la patrística griega. El estudio de las obras de los llamados "padres de la Iglesia" (Jerónimo, Eusebio, Cirilo, Orígenes, Crisóstomo, Papías, Justino Mártir, Ambrosio, etc.) nos mostrará inequívocamente su general talante anti-semita, e incluso, en algunos casos muy influyentes, su furibundo anti-judaísmo. Notables anti-judíos fueron elevados a los altares. Así se engendró la gran paradoja de la historia: Comenzó a ser extraño lo judío a los ojos de los cristianos gentiles, y se hizo extraño igualmente que un judío creyera en Yeshúa como el Mesías. El Mesías Yeshúa no puede ser reconocido como judío por la mayoría de los judíos de nuestros días, y la mayoría de los cristianos gentiles desconocen o minimizan la importancia de la judeidad de Jesucristo. Insistimos en que se trata de una de las mayores paradojas de la historia, dentro de la cual personalmente creemos que opera Satanás -¡Dios le reprenda!-, pues se trata, a todas luces, de un proceso de satanización del pueblo hebreo. La prueba la hallamos en la demonización de todo lo judío, su rechazo y casi perenne asociación con todo lo legalista e intransigente.

¿Cuándo desaparecieron los primeros Judíos Mesiánicos y por qué?

El Judaísmo Mesiánico continuó hasta el siglo séptimo de nuestra era, a pesar de las muchas presiones para que abandonaran sus costumbres judías. Los rabinos presionaron para que abandonaran su fe en Yeshúa, y los clérigos cristianos gentiles presionaron para que dejaran de vivir como judíos. A esto hay que añadir la presión producida por la poderosa expansión del Islam. Con el paso del tiempo, y poco después del siglo séptimo, los judíos mesiánicos perdieron la batalla por mantener su identidad judía, y fueron progresivamente absorbidos por la Iglesia gentil.

¿Cuándo comenzó el moderno movimiento Judío Mesiánico?

Aunque el Judaísmo Mesiánico como movimiento distintivo se desvaneció en el siglo séptimo, existen testimonios de que siempre ha habido judíos que han creído en Yeshúa como Mesías y Salvador. Sabemos por los archivos bíblicos e históricos que había sinagogas mesiánicas por todo el Imperio Romano, y aun más allá, tan temprano como el año 50 de nuestra era: (Santiago 1:1; 2:2; Hebreos 10:27). Estos mesiánicos del primer siglo permanecieron fieles a las tradiciones de los padres y al amor a la tierra de Israel. De modo que en aquel momento inicial del cristianismo no había ninguna contradicción entre ser judío y ser discípulo de Yeshúa de Nazaret. De hecho, la inmensa mayoría de los cristianos eran judíos. ¿Qué más podían ser? Sin embargo, tenemos que esperar al siglo XVIII para ver cómo un creciente número de judíos empezaron a creer en Yeshúa.

En el siglo XIX aparecieron los primeros signos importantes del resurgimiento del Judaísmo Mesiánico, cuando en Inglaterra, y con la formación de las Sociedades Hebreo-Cristianas, comenzaron a reunirse los entonces escasísimos judíos que afirmaban creer en Jesucristo como Mesías de Israel y Salvador personal. Aquí conviene destacar que estos judíos se habían convertido al cristianismo, olvidando sus raíces en distintos grados, a diferencia del Judaísmo Mesiánico de nuestros días, formado por judíos que se saben y se afirman como judíos. De aquellas filas de judíos-cristianos salió Benjamín Disraeli, primer y único Primer Ministro Británico en la historia del Reino Unido. En aquellos días del siglo XIX se fundó en Inglaterra la "Sociedad para la Difusión de las Sagradas Escrituras entre el Pueblo Judío". Poco después se fundó la "Alianza Internacional Hebreo-Cristiana", que después cambiaría su nombre por el de "Alianza Internacional Judío Mesiánica".

Uno de los hombres destacados en este sentido es el judío alemán Arnold Frank, de Hamburgo, Alemania, quien en 1876 aceptó la mesianidad de Jesús de Nazaret a través del testimonio de un amigo cristiano gentil. Después de su formación académica en Belfast, Irlanda, para el ministerio pastoral, Arnold Frank regresó a Alemania donde se dedicó a la distribución de literatura cristiana entre los numerosísimos judíos de Rusia y Polonia que emigraron a Alemania en busca de trabajo, muchos de ellos con miras a viajar a América. Arnold Frank organizó centros de acogida donde les proporcionaba una comida caliente y atención sanitaria. Después estableció la "Casa Misión Jerusalem" donde acogió a muchos judíos que respondían al Evangelio.

En aquellos días fueron muchos los judíos que creyeron en Jesús, aceptándole como Salvador personal. Cincuenta de ellos salieron para servir al Señor como misioneros. Frank también publicó una revista, "Zions Freund", en la cual aparecían artículos de interés para judíos y cristianos. La circulación de esta publicación pasó de unos cuantos centenares a cuarenta mil, hasta que los nazis prohibieron su publicación a finales del año 1936. El Dr. Arnold Frank trabajó como misionero a los judíos en la ciudad de Hamburgo hasta el año 1938, cuando, a la edad de 79 años, fue obligado a escapar de los nazis e instalarse en Irlanda. El edificio de la misión en Hamburgo fue confiscado, pero Arnold Frank continuó trabajando en la obra del Señor en Irlanda durante otros 26 años de su vida, hasta morir a la edad de 106 años. Aunque los nazis trataron de destruir completamente el trabajo al que había dedicado toda su vida, su legado ha continuado hasta nuestros días.

Uno de los jóvenes que abrazaron la fe de Jesús por medio del testimonio de Arnold Frank fue John Düring, un joven judío que logró escapar de la Alemania nazi para instalarse en Sudáfrica en el año 1938. En 1950, Düring, con la bendición y el apoyo de Arnold Frank, estableció la Sociedad Misionera Buenas Nuevas" para la distribución de literatura entre los judíos. También editó la revista "Buenas Nuevas", tanto en inglés como en afrikaans, y relanzó la publicación de la revista "Zions Freund". John Düring sirvió fielmente al Señor, junto con su esposa Marie, durante treinta años, estableciendo y manteniendo un firme testimonio para los judíos mediante la excelente literatura producida por su sociedad misionera.

Después de la muerte de John Düring, en el año 1979, Sean O'Sullivan fue invitado para continuar con la labor. En 1999 pudo extenderse la obra hasta los Estados Unidos de América, donde se encuentra el mayor contingente de judíos fuera de Israel, y Sean se instaló en Nueva York. Invitó a Peter Cohen para fundir las obras de Sudáfrica y de América en una sola organización bajo el nombre de "Las Buenas Nuevas Mesiánicas".

El movimiento judío mesiánico comienza a tomar verdadero auge a partir del año 1967, cuando Israel obtuvo la gran victoria de la Guerra de los Seis Días, y Jerusalem volvió a estar bajo gobierno judío por primera vez después de 2000 años. Muchos entendieron que se cumplía la profecía y "Jerusalem dejaba de estar hollada por los gentiles." Desde aquella fecha miles de judíos han creído en Yeshúa como Salvador y Mesías. Actualmente, y tras el desarrollo experimentado en la década de los 90, hay más de 200 Congregaciones Mesiánicas en los Estados Unidos de América, 81 en la tierra de Israel, y cientos de ellas en el resto del mundo: Inglaterra, Francia, Escocia, Australia, Nueva Zelanda, Méjico, Brasil, Argentina y Canadá. En ellas suele haber también algunos gentiles que han optado por expresar su fe junto con sus hermanos judíos. Hoy son cientos de miles los judíos mesiánicos, y las sinagogas o comunidades mesiánicas está experimentando un crecimiento profético inimaginable. Paralelamente, cada día son más numerosos también los cristianos gentiles de todas las denominaciones que descubren las raíces judías de la fe cristiana, y sus implicaciones. Y ello demuestra que el Mesianismo Judío es un renacer de la fe de los primeros discípulos judíos de Yeshúa en el primer siglo; una forma de cristianismo distanciado de las tradiciones gentiles que se ha ido acumulando en el pensamiento cristiano en el curso de los siglos.

Aunque no existen estadísticas exactas, las cifras más conservadoras apuntan hacia 50.000 judíos mesiánicos en los Estados Unidos de América. (La población judía de esta nación es de 5,5 millones). En la tierra de Israel son unos 3.000 los miembros de las sinagogas mesiánicas. Celebran su fe mesiánica -"cristiana"- pero siguen siendo judíos que cantan las canciones que siempre entonaron al Señor, danzan sus bailes, celebran las fiestas solemnes del Señor, usan el talít, y emplean la nomenclatura hebrea en lugar de la griega que es común al resto de los cristianos.

En este sentido conviene reflexionar sobre el hecho de que muchas personas tienen una dicotomía en sus mentes. Por una parte, contemplan el hecho de los judíos y el judaísmo en un extremo de la balanza, y en el otro contemplan a los cristianos y al cristianismo. O eres lo uno, o bien eres lo otro. Pero esta simple dicotomía no es una simple dicotomía en absoluto. Y la prueba está en que si nos trasladamos dos mil años atrás, encontramos que nuestro Señor Jesucristo era un judío que vivía en la nación judía, al igual que los apóstoles, los primeros discípulos, los escritores del Nuevo Testamento y la Iglesia naciente... El cambio se produce cuando Jerusalem es reemplazada por Roma y por la filosofía aristotélico-platónica.

Paralelamente a este progreso, el Señor obraba en el pueblo hebreo mediante la publicación de un libro sencillo, aparentemente insignificante, pero que cambiaría la historia. Se trata de "El Estado Judío", del periodista judío austriaco Theodoro Herzl, padre del Movimiento Sionista, en el que se establecían los fundamentos para la nación de Israel.

¿Cuándo comenzó el moderno movimiento Judío Mesiánico?

En realidad, la gran tarea del movimiento que estudiamos no es el reconocimiento de que Jesús fuera Yeshúa, es decir, el reconocimiento de la judeidad de Jesucristo de Nazaret, pues eso es absolutamente innegable, sino, antes bien, si Yeshúa es el verdadero Mesías prometido. Si lo es, entonces lo más judío que todo judío puede hacer es creer en Él. La única forma noble de responder a este gran interrogante es aproximándonos a las Sagradas Escrituras, tal y como hicieron aquellos judíos de la sinagoga de Berea, lo que contribuyó a que muchos de ellos creyeran en el Señor, así como los griegos -probablemente prosélitos- que estaban entre ellos: (Hechos 17:10-12.).

Efectivamente, el Judaísmo Mesiánico afirma que la respuesta está en el estudio de las Escrituras en general, y en las profecías respecto del Mesías en particular. Según ellas, el Mesías ha de venir dos veces. La primera vez como Ebed Yavé, como Siervo Sufriente -Redentor- para padecer y morir por los hombres, y la segunda vez como Rey de la era mesiánica, para traer paz sobre la tierra.

¿Cuál es la gran tarea del Judaísmo Mesiánico?

La gran labor del Judaísmo Mesiánico consiste particularmente en mostrar a los judíos que los rabinos de antaño no sólo sabían que el Mesías iba a ser traspasado, sino que también conocían que iba a morir: (Zacarías 12:10 e Isaías 53:4.). La discusión rabínica está registrada en el Talmud Sukkah 52A, donde los rabinos reconocen que la causa del llanto y de la aflicción de Zacarías 12:10 es el sufrimiento del Mesías, azotado por nuestros pecados. Y el viejo Tárgum
rabínico -traducción aramea amplificada- explica que el lloro de Zacarías es por el Mesías sufriente por nuestros pecados, y respecto de Isaías 53 dice que se refiere "a mi sirviente, el Mesías, en el cual yo me complazco."

El profeta Daniel profetizó que 483 años después del 14 de Marzo del año 445 a.C. el Mesías vendría. Si leemos Daniel 9:25-26 notaremos que la palabra "sietes" - o semanas- es similar a nuestro término "década", pero significa "siete años". Así que al leer "siete sietes", esto equivale a 49 años (7 X 7 = 49). Cuando se habla de "setenta y dos "sietes" - o semanas- esto equivale a 434 años (62 X 7 = 434). Ahora, al añadir 49 + 434 obtenemos 483 años. Y pasados estos 483 años, después del decreto de restauración y reconstrucción de Jerusalem - el 14 de Marzo de 445 a.C. - nos encontramos con Yeshúa (el Mesías) caminando en la tierra de Israel. Luego, y tal y como Daniel lo había profetizado, Jerusalem y el Templo serían destruidos en el año 70 de nuestra era.

El Talmud -tratado Yoma 39:b- dice que durante el Yom Kippur -Día de Expiación- era costumbre amarrar una cinta de lana roja a la puerta del Templo de Jerusalem. Después del sacrificio de expiación, y de forma milagrosa, la cinta de lana roja se volvía blanca, como señal de que los pecados del pueblo habían sido perdonados. Sin embargo, durante los 40 años después de la muerte del Mesías, y antes de la destrucción del Templo en el año 70, la cinta de lana permaneció roja. Y los propios rabinos comprendieron que el Señor estaba diciendo que Él no perdonaba. El comienzo de esos 40 años coincide con la escritura que hallamos en Génesis 22:8 (Adonai Yir'eh, "Adonai proveerá"). En otras palabras: Dios proveyó su propio Cordero, perfecto y sin mancha, para ser sacrificado como expiación eterna por nuestros pecados, pero sólo y únicamente si nosotros aceptamos su plan de expiación.

Dios profetizó su Nuevo Pacto en la promesa de Jeremías 31:31-32. Y los rabinos antiguos, comentando sobre este texto de Jeremías, en el Midrash Tehelim 3:14, dicen: "Cuando el tiempo del advenimiento del Mesías estuviera cerca, entonces Dios le dirá al Mesías: "Con Él yo haré un Nuevo Pacto". Y este será tiempo en que le reconoceré a Él como Hijo, diciendo: "Este día yo te engendré". De modo que los rabinos antiguos de Israel vieron en esta Escritura que el Nuevo Pacto sería presentado por el Mesías, quien sería Hijo de Dios. Hay que esperar al año 1050 d.C. para encontrar la primera interpretación judía del capítulo 53 de Isaías refiriéndose a la nación judía, en lugar de a un Mesías personal. Y semejante punto de vista no llegó a ser el predominante en círculos judíos hasta el siglo XIX.

También en el comentario midráshico Talpiyot 58a leemos así: "Él se sentaría y explicaría la Torá que daría a través del Mesías."

Ahora bien, el Judaísmo Mesiánico manifiesta que según las Escrituras del pueblo de Israel hay 8 elementos que identificarían quién sería el Mesías:

1. Nacería en Belén (Casa de Pan): Miqueas 5:2.

2. Cuando nacería: Daniel 9:25.

3. Su forma de nacimiento: Isaías 7:14.

4. Sería traicionado: Zacarías 11:12-13.

5. La forma de su muerte: Zacarías 12:10.

6. Horadarían sus manos y sus pies: Salmo 22:16-18.

7. La gente se burlaría de Él: Salmo 22:7.

8. Su enterramiento: Isaías 53:9.


Matemáticamente, la probabilidad de que estos ocho puntos se cumplieran en una sola persona es de 1 en 100.000.000.000.000.000. (1 en 10 a la potencia de 17; es decir, 100 mil billones).

Otro importante aspecto de la tarea del Judaísmo Mesiánico consiste en descubrir y resolver el tremendo error de la llamada "Teología del Reemplazo". Se trata de la corriente teológica más generalizada, según la cual el pueblo judío ya no es "pueblo de Dios", debido a su pecado de no haber aceptado al Mesías, y que, por lo tanto, la "Iglesia" es el "Israel espiritual" de Dios. Según esta teología, todas las promesas y bendiciones para Israel han pasado para cumplimiento a la Iglesia, y como consecuencia, no tenemos que prestar atención a ningún acontecimiento, profético o bíblico, respecto a Israel. Sin embargo, las Escrituras afirman que el Señor no ha desechado al pueblo judío: (Romanos 11:1-2).

Las consecuencias de esta corriente de pensamiento, cuyas raíces en el marcionismo explican tantos crímenes de los "cristianos" contra los judíos en el curso de los tiempos, tales como las Cruzadas, la Inquisición y el Holocausto, han sido verdaderamente desastrosas. Y la prueba la hallamos en que los Cruzados creían hacer un favor a Dios al matar a miles de judíos; los reinos que respaldaban a la Inquisición confiscaron los bienes de las familias judías y asesinaron a muchos de los que no aceptaban pasar a ser súbditos de la Iglesia. Lo mismo vemos repetirse hace bien pocos años durante el mandato del cabo Hitler, quien, como él mismo explicara al nuncio papal en Berlín, sólo se atrevía a continuar lo que la Iglesia había acometido en el pasado.

¿Cuál es la Confesión de Fe de los Judíos Mesiánicos?

Aunque existen varias confesiones de fe, todas ellas aceptan los siguientes puntos fundamentales:

Creemos en ambos el Tanaj (Antiguo Testamento) y el B'rit Hadashah (Nuevo Testamento), la Biblia completa, como Palabra de Dios, inspirada, sola e infalible con autoridad de Adonai.

Creemos que hay un solo Dios, que eternamente existe como Dios el Padre, Yeshúa el Mesías, y Rúaj HaKodesh (Espíritu Santo).

Creemos en la deidad de nuestro Señor Yeshúa el Mesías, en su nacimiento de una virgen, en su vida sin pecado, en sus milagros, en su muerte redentora y representativa a través de su sangre derramada, en su resurrección corporal, en su ascensión a la mano derecha del Padre Dios, y en su pronto regreso en poder y gloria.

Creemos que Yeshúa es tanto el Mesías Ben Yosef ("Hijo de José", "Siervo Sufriente") como el Mesías Ben David ("Hijo de David", el "Rey de Gloria" en su pronto regreso).

Creemos que para la salvación de cualquier persona, la regeneración por el Rúaj HaKodesh (el Espíritu Santo) es absolutamente esencial.

Creemos en el ministerio presente del Rúaj HaKodesh, quien al vivir en el creyente (judío o gentil) le permite vivir una vida piadosa.

Creemos en la resurrección de los muertos, ambos los salvados y los perdidos. Los justificados
serán resucitados para vida eterna, mientras que los impíos lo serán para eterna condenación.

¿Creen los Judíos Mesiánicos que deben guardar la Ley de Moisés?

Desde la perspectiva del judío mesiánico, la respuesta no es fácil. Muy al estilo judío, hay que responder diciendo que "sí y no". La Torá contiene 613 mitzvot (Ordenanzas)) dadas por el Señor a Moisés. Estos mandamientos comprenden fiestas, sacrificios, leyes dietéticas, principios éticos, normas judiciales, los Diez Mandamientos (Palabras) y diversas enseñanzas puntuales. Los judíos mesiánicos afirman que no pueden ser justificados y salvos por medio de la Ley, por cuanto la única manera de salvarse mediante la Ley es guardando todos sus mandamientos, ordenanzas y preceptos perfectamente. Y esto es imposible, no porque la Ley se imperfecta, sino por la imperfección propia de nuestra naturaleza pecadora: (Deuteronomio 27:26; Eclesiastés 7:20.). Dios envió a su Hijo a derramar su preciosa sangre porque fuimos desobedientes a sus preceptos e incapaces de una obediencia perfecta que nos justificara para tener vida eterna. La Biblia afirma que "no hay justo, ni aun uno." (Romanos 3:10; Salmo 14:1-3; 53:1-3). Sólo Yeshúa es Justo. Pero el Mesías no vino a abolir la Ley, sino a cumplirla: (Mateo 5:17-19). Y este verbo griego "plerosoo" es "cumplir", "engrandecer", incluso "preñar". De ahí que desde la perspectiva del Judaísmo Mesiánico se entienda que "la Ley ("Torá") ha sido preñada con el Santo Espíritu (Rúaj HaKodesh") por medio de Jesús el Cristo ("Yeshúa HaMashíaj")". Efectivamente, Jesús puso en claro todas las exigencias de la Ley, y recibió la consecuencia de la desobediencia: El juicio y el castigo en nuestro lugar.

Aquí conviene tener presente que cuando nosotros empleamos la palabra "Ley" es inevitable que le atribuyamos un sentido legalista, nomístico, olvidando que la Ley es un término, en este contexto, intercambiable con las Sagradas Escrituras, es decir, con la Torá, los Profetas y los Escritos; o sea, el Antiguo Testamento, empleando terminología cristiana-gentil.

Recordemos que el pecado por definición es la desobediencia a la Ley de Dios: (1ª Juan 3:4). Por
consiguiente, habiendo sido justificados por el inmenso precio de la redención por la sangre del Mesías, eso no nos da libertad de continuar pecando. El regalo de Dios, jamás merecido por nuestra parte, es su gracia, la cual es completa y lo abarca todo: (Efesios 2:8-10). De modo que después de ser justificados por la fe, Dios nos da su Espíritu para que caminemos en las obras buenas que Él ha puesto delante de nosotros, en nuestro camino, para que no continuemos siendo desobedientes.

El Judaísmo Mesiánico ofrece el entendimiento del equilibrio entre la Gracia, La Fe y la Ley mediante estas Escrituras: (Romanos 2:13; 3:31; 7:12; 7:16; Mateo 5:17-19; Hechos 22:3; 22:12; 23:1-5; 25:8; 26:5-8; 26:22; 28:17; Efesios 6:1-3.).

No nos podemos amparar en nuestra obediencia imperfecta para ser salvos. Es más, cuando podemos obedecer, es fruto del Rúaj HaKodesh -El Santo Espíritu- que nos ha sido dado:( 1ª Juan 5:2-3; Juan 14:15). De ahí que en el Judaísmo Mesiánico se suela expresar el desarrollo de la Ley de Dios como "el paso de la piedra al pergamino, y del pergamino al corazón del hombre."

El Rabino Pablo pone muy en claro que todos los creyentes tienen libertad en el Mesías Yeshúa (Gálatas 5:2), lo que significa tanto libertad de la Ley, como libertad para observar la Ley, con libertad. De ahí la fórmula de concordia que Pablo da a los creyentes de Roma en el capítulo 14 de su Epístola, dirigida a una congregación formada por gentiles y un numeroso contingente de judíos. Por otra parte, Pablo hizo cuanto pudo por ensalzar la Ley del Señor, como también los otros judíos mesiánicos, bajo la dirección del Espíritu Santo: (Hechos 21:20; 28:17.).

En la práctica, y hasta donde conozco, el grado de cumplimiento de los preceptos legales varía dentro de los diferentes grupos de Judíos Mesiánicos, principalmente en función de su grado de relación con cristianos gentiles.

Algunas precisiones teológicas importantes desde la perspectiva del Judaísmo Mesiánico:

Primeramente, que el "Remanente" es fundamentalmente aplicable a Israel, no a la Iglesia gentil, por cuanto los gentiles se encuentran en la gran muchedumbre de salvados de todas las naciones:( Apocalipsis 7:9; Esdras 9:8, 13; Isaías 10:21; 11:11; 28:5; 37:4; Jeremías 23:3; Sofonías 3:13; Zacarías 8:11-12; Romanos 9:27; 11:5.).

En segundo lugar, el Judaísmo Mesiánico afirma que el Nuevo Pacto es para Israel y para la Iglesia: (Hebreos 8:8-10.).

En tercer lugar, el Judaísmo Mesiánico afirma que es tiempo de que los gentiles entiendan que la salvación viene de los judíos: (Juan 4:27); y de restaurar (Hechos 3:16) todas las cosas antes del regreso de Yeshúa HaMashíaj (Jesús el Cristo).

En cuarto lugar, la Buenas Nuevas (El Evangelio) es que la muralla de separación no existe más, y que los gentiles están invitados a ser parte del pueblo de Israel, conciudadanos de los santos, edificados sobre el fundamento de los emisarios y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Yeshúa HaMashíaj.

La Iglesia es bendecida al reconocer sus raíces (Génesis 12:3), y el Señor nos revela el misterio de Romanos 11:25. De lo contrario, en vez de ser agradecidos, nos volveremos arrogantes.

¿Por qué un Judaísmo Mesiánico en vez de la integración de los judíos mesiánicos en las Iglesias Cristianas?

Aquí tenemos necesariamente que hacer algo de historia para aproximarnos a la comprensión de este fenómeno:

Primeramente, debemos reconocer que el antisemitismo no es sólo un problema de nuestros días, sino un fenómeno que viene de antiguo. Sacerdotes egipcios, como Maneto, muchos siglos antes de la venida del Mesías, ya predicaba contra los judíos. También hemos de reconocer que el antisemitismo ha penetrado también desde antiguo en la propia Iglesia, y ésta ha cometido muchos actos espantosos a los judíos en el curso de la historia. Poco después de la muerte de los apóstoles, la dirección de las iglesias fue transferida a gentiles que no tenían ningún respeto ni cariño hacia el pueblo judío. En lugar de ver en ellos a hermanos mayores que necesitaban tener un encuentro personal con Jesús, fueron contemplados como enemigos, cuando menos como sospechosos. En lugar de reconocer la deuda de gratitud por haber recibido de ellos las Escrituras, el Mesías, los apóstoles y los profetas del Antiguo Testamento, les consideraron como réprobos, asesinos de Jesús, pueblo deicida, sin derecho a la existencia. La falta de distinción entre el "pueblo judío" y algunas "autoridades judías" de los días de Jesús, vendidas al poder romano invasor, condujo a muchos dirigentes de las iglesias cristianas post-apostólicas al malentendido de algunos pasajes del Nuevo Testamento, proyectando su odio y resentimiento hacia todo el pueblo judío. Así fue como muchos judíos mesiánicos que expresaban su fe en Yeshúa dentro de un contexto judío, fueron vistos como sospechosos, y como resultado fueron perseguidos. Cuando la Iglesia de Roma y el Imperio Romano se unieron, hacia el año 400 de nuestra era, muchos judíos perdieron su ciudadanía romana, siendo reducidos a la condición de emigrantes, sin derechos, apenas tolerados. Fueron progresivamente reducidos mediante severísimas sanciones económicas y sociales, prohibiéndoseles establecer matrimonio con cristianos, así como la práctica de sus costumbres y tradiciones judías. La Iglesia de Roma les obligaba, al unirse a la fe de Jesucristo, a renunciar a todas sus prácticas y costumbres judías, a celebrar sus fiestas, cantar sus himnos y recitar sus oraciones y plegarias, obligándoseles a adoptar la dieta gentil frente a la levítica.

En segundo lugar, durante la Edad Media continuó produciéndose una importante legislación anti-judía, prohibiéndoseles poseer tierras, e incluso tener sus casas entre los cristianos, con lo que se crearon guetos y deportaciones. En el curso de esa larga historia de odio y persecución, se les acusó de envenenar los pozos durante las grandes plagas y epidemias de la Edad Media, como es el caso de la peste de 1384. Se cuestionaba constantemente la sinceridad de la fe de los conversos, acusándoseles de crímenes absurdos tales como la realización de sacrificios de niños cristianos para mezclar sus sangre con la masa para la confección de la matzá (pan ácimo pascual). Pueblos enteros fueron arrasados. Las persecuciones de los judíos continuaron con los pogromos en Europa Oriental y Rusia, persecuciones habitualmente estimuladas por los clérigos, así como por los reyes, emperadores y zares, quienes frecuentemente ostentaban también la jefatura máxima de la iglesia estatal. Después, los Cruzados asesinaron a miles de judíos en los territorios por donde pasaron camino de los "Santos Lugares". En la conquista de Jerusalem, los
cruzados prendieron fuego a una sinagoga en la que se encontraban más de mil judíos congregados. Todos murieron quemados vivos.

En tercer lugar, el protestantismo no se comportó mucho mejor con el pueblo judío. Basta con leer el tratado del reformador Martín Lutero "Sobre los Judíos y sus Mentiras", publicado en 1543, para comprender que la insensibilidad para con el pueblo hebreo no conocía fronteras.
Citaremos algunos párrafos del reformador: "¿Qué haremos nosotros los cristianos con este pueblo rechazado y condenado? Les daré mi sincero consejo: En primer lugar, quemar sus sinagogas... en honor de nuestro Señor y de la Cristiandad, para que Dios vea que somos cristianos... Aconsejo que sus casas también sean arrasadas y destruidas... Aconsejo que sus libros de oración y textos talmúdicos sean tomados de ellos para ser destruidos... Aconsejo que a sus rabinos se les prohíba enseñar de ahora en adelante bajo pena de pérdida de la vida...". Curiosamente, Martín Lutero comenzó tratando de ganarse el favor de las comunidades judías de Alemania. No en vano, el reformador llegó a ser un gran hebraísta por haber estudiado la lengua hebrea con maestros judíos. Sin embargo, con el paso de los años llegó a ser un tremendo anti-judío. Sin menoscabo de su gran labor reformadora, no hemos por menos que ser honestos y recordar que el último sermón predicado por Martín Lutero antes de su fallecimiento, el 14 de Febrero de 1546, fue una venenosa diatriba anti-judía, exigiendo que todos los judíos fueran expulsados como perros de Alemania, y que todas sus propiedades fueran confiscadas.

Cuatro siglos después, el católico Adolfo Hitler ponía en marcha un programa sistemáticamente planificado para llevar a efecto lo que Lutero había predicado desde el púlpito. A los pocos meses de llegar al poder, el cabo Hitler ordenaba se imprimiera este sermón y la obra de Lutero titulada "Contra los Judíos y sus Mentiras" en edición popular de bolsillo y se entregara a cada niño en el sistema educativo alemán. De hecho, este material supuso la base teológica del Holocausto -aspecto del "problema judío" menos estudiado en profundidad- que, naturalmente, incidió profundamente en las iglesias de Alemania, y que no podemos olvidar ni menospreciar al considerar el silencio de muchos sacerdotes católicos y pastores protestantes ante la muerte por tortura, hambre o cámara de gas de seis millones de judíos, además de muchos gitanos, pacifistas, enfermos mentales, deformes, y políticos y sindicalistas contrarios al reich. Honremos aquí la memoria del pastor luterano Dietrich Bonhoeffer y la iglesia militante subterránea, con todos los demás cristianos que no se dejaron arrastrar por las respectivas jerarquías vendidas al poder imperante.

Todo esto culminó con el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial. Pero aquella matanza de seis millones de judíos, hombres, mujeres y niños, cuyo único delito era el de ser judíos, y que acontecía en una nación cristiana, la más culta y desarrollada de occidente, no era sino el resultado de las matanzas realizadas por los cruzados, las atrocidades de la Edad Media, las expulsiones del pueblo hebreo de España y Portugal, las masacres de decenas de judíos en los años 1648-49 por los cosacos de Chmielnicki, las persecuciones, confiscaciones y asesinatos inquisitoriales, y un larguísimo "etcétera" de barbaridades sin nombre.

Desde la perspectiva del Judaísmo Mesiánico, cada vez que una persona, por más creyente que se crea, dice que no le importa Israel, está citando palabras textuales del enemigo -¡Dios le reprenda!- en el Salmo 83:4. Personalmente, he comprobado que hasta el día de hoy muchos cristianos -que se enfadarían si les denominásemos "anti-judíos" o "anti-semitas"- siguen creyendo que "los judíos mataron a Jesús". Conviene considerar algunas Escrituras: (Marcos 8:31 -los principales, no el pueblo; Salmo 22:16 -una cuadrilla de malignos; Salmo 2:2 los reyes de la tierra; Lucas 18:31 -los gentiles; Juan 19:23-24, 32-34 -los soldados romanos.).

Debemos entender que la muerte del Mesías fue planificada desde el comienzo, que sería entregado por los dirigentes judíos, no por el pueblo, y puesto en manos de los romanos, autoridades y soldadesca, para ser martirizado y muerto. Ambos, judíos y gentiles, participaron en la muerte de Jesús. Pero en el curso de estos dos milenios toda la culpa ha caído sobre los judíos. Y hasta nuestros días llega este odio anti-semita, fundamentado en la ignorancia, y que olvida lo que el propio Señor Jesús nos dice en Juan 10:17. (Ver también Hechos 3:17-20).

Las palabras tienen poder. Quizás nadie lo sepa tan bien como el pueblo judío. Por eso es que la propia palabra "cruz", tan fácilmente empleada por nosotros, los cristianos gentiles, represente un dilema especial para el judío seguidor de Jesús. Para nosotros, el término está ligado a la vida y el sacrificio del Señor, pero para quienes vienen de trasfondo judío este término conlleva toda una larga serie de connotaciones terribles, por cuanto a lo largo de la historia fueron muchos los
malvados que utilizaron la cruz como símbolo o insignia de persecución y muerte de numerosísimos hijos e hijas de Israel. De ahí que los judíos que creen en Jesús no quieran llamarse "cristianos", aunque se sientan uno con todos los redimidos por la sangre del Mesías. Por difícil que nos pueda parecer a nosotros, como cristianos gentiles, el término "cristiano", que al principio era un sinónimo en clave griega del hebreo "mesiánico", ha llegado a significar algo muy diferente a "seguidor del Mesías". Para la inmensa, arrolladora mayoría de los judíos, "cristiano" significa un "no-judío" o "gentil", sin ninguna referencia a que se trate de un persona nacida de nuevo. Para los judíos, un hombre o una mujer que abraza la fe cristiana es alguien que deja de ser judío, que renuncia a sus raíces, a su pueblo, a sus antepasados y a su herencia hebrea. Por eso es que para el Judaísmo Mesiánico lo que ha sucedido es totalmente opuesto. El judío mesiánico cree que ha encontrado al Mesías, y ahora se considera un "judío completo". De ahí también que la terminología del Judaísmo Mesiánico sea hebrea en lugar de griega. Vamos a ver algunos ejemplos básicos:

"Sinagoga" o "Comunidad", en lugar de "Iglesia"... "Rabino Mesiánico", en vez de "Pastor"... "B'rit Hadashah", en lugar de "Nuevo Testamento"... "Tanaj" o "Escrituras Hebreas", en vez de "Antiguo Testamento" (Acrónimo de "Torá" ("Enseñanza"), "Nevi'im" ("Profetas") y "Ketuvim" ("Escritos") (Ver Lucas 24:44)... "Mikvá" o" Tevilá", en lugar de "Bautismo" ("Mikvá" es la piscina de agua para la inmersión, y Tevilá es la ceremonia judía de purificación mediante un baño.)... "Buenas Noticias", en lugar de "Evangelio"... "Masháj", en lugar de "Cristianos", voz que tiene la misma raíz, y que quiere decir "mesiánicos". El término fue empleado por primera vez en Antioquía de Siria para denominar a los "discípulos" (Ver Hechos 11:19-26). Como esta ciudad era de lengua y cultura griegas, lógicamente usaron un vocablo de su propia lengua para designar a los fieles seguidores de Jesús de Nazaret, el Mesías. Así también nacería la propia palabra "iglesia", del griego "ekklesía", y que, como sabemos, es "congregación" o "asamblea". Esta es precisamente la voz utilizada en la Septuaginta, la traducción de las Escrituras hebreas al griego común del primer siglo, razón por la que fue adoptada por las congregaciones cristianas de lengua griega.

Conclusión:

El Judaísmo Rabínico enseña actualmente que "judío sólo es quien tiene madre judía." Esta definición entienden los Judíos Mesiánicos que no es bíblicamente correcta, por cuanto la definición según las Sagradas Escrituras es que judío es quien desciende de Abraham por medio de Isaac y Jacob, por herencia patri-lineal. Por ejemplo, Moisés tenía una esposa gentil, y la bisabuela de David fue Rut, la Moabita, y por tanto, igualmente gentil, pero sus hijos fueron considerados judíos. En Hechos 16:1-3 está escrito que Pablo circuncidó a Timoteo porque éste era hijo de madre judía mesiánica y padre gentil. Pablo consideró a Timoteo como judío. Por tanto, las Escrituras muestran que si cualquiera de los padres es judío, uno puede identificarse como judío.

En los tiempos del Segundo Templo existía una pared intermedia de separación entre los judíos
y los gentiles. Los gentiles no podían pasar por encima de este punto, y eran relegados al "Atrio de los Gentiles". Según las Escrituras del Nuevo Pacto, esta "pared intermedia de separación" ha sido derribada: (Efesios 2:14.). Los gentiles, por la sangre de Yeshúa, entramos en la fe de Israel: (Romanos 11:24); somos espiritualmente circuncisos y pasamos a formar parte de la ciudadanía de Israel: (Romanos 2:29; Efesios 2:12.).

Únicamente las personas que son judías y llegan a creer en Jesucristo -Yeshúa HaMashíaj- pueden legítimamente definirse como judíos mesiánicos. Sin embargo, muchas de las Congregaciones o Sinagogas Mesiánicas cuentan con una proporción más o menos significativa de creyentes gentiles. Para ser miembro de una congregación de Judíos Mesiánicos, siendo un cristiano gentil, uno debe tener una carga muy especial de amor por el pueblo judío, comprender lo que Dios está haciendo, y tener un llamamiento particular, parecido al de Rut. De lo contrario, la práctica de la expresión judía, cuando no se es judío, viene a ser un ejercicio religioso, y como tal, interfiere con nuestra relación con Dios por la fe en Jesucristo. El asunto es delicado y sutil, pero el apóstol Pablo lo expresa en Gálatas 5:2-4; 1ª Corintios 7:17-24; Romanos 14:3, 5, 13. Estos son muy oportunos consejos de la Palabra de Dios, prácticos y actuales siempre.

Dios no quiere, ni pide, que cambiemos de etnia, sino que le dejemos a Él cambiar nuestro corazón. El hecho de tomar sobre nosotros diferentes costumbres y tradiciones no nos recomendará a Dios. Sólo agradan a Dios verdaderamente las actitudes y cambios que su Espíritu obra en el corazón del que rinde su vida al Mesías. Además, como hemos podido tristemente comprobar en bastantes casos, la mera imitación de las cosas exteriores, el cambio del léxico griego por el hebreo -si bien es cierto que hemos de admitir un viejo antisemitismo lingüístico, del que podríamos tratar en otra ocasión- así como el uso de objetos inanimados y demás parafernalia cúltica, sólo suscita confusión y nuevas formas de sectarismo. Este es el caso que detectamos entre aquellos hermanos que pretenden ser judíos, sin serlo, y acometen su expresión de fe en Jesús desde valores y planteamientos que no corresponden con su cultura, y lo que es peor, descalificando a quienes no comparten sus criterios, o bien clasificándolos como inferiores e indignos. También hemos podido verificar personalmente que la pretensión de ser judío, sin serlo, de parte de algunos hermanos cristianos gentiles, no facilita en absoluto el diálogo interconfesional.

Personalmente, creo que el Judaísmo Mesiánico es un bendición del Señor para el pueblo de Israel en estos días, y que, por consiguiente, es parte de las señales de los tiempos. Sin embargo, creo también que entre los que pretenden ser judíos, sin serlo, y seguir al mismo tiempo al Señor Jesucristo, sus énfasis en prescripciones ceremoniales -que por sí mismas nada pueden hacer para conducir a los hombres al encuentro con el Señor en el ámbito de la gracia- reconducen a los hermanos hacia barricadas de legalismos, supersticiones ritualistas y lingüísticas, y temores que abaten con su carga el espíritu del hombre. En resumen, creo que el peligro herético se halla en los imitadores que ignoran el alcance de su pretensión: "Yo conozco -dice Jesús- la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son." (Apocalipsis 2:9). Recordemos:

"Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo." (Gálatas 5:14).

"De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre. Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud." (Gálatas 4:31-5:1).

"Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley." (Gálatas 5:18).

"Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo." (Juan 1:17).

"El perfecto amor echa fuera el temor." (1ª Juan 4:18).

"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí." (Juan 14:6).

"Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres." (Juan 8:32).

Demos gracias al Señor bendito porque en nuestros días son muchos los judíos que se identifican con el Mesías en su inmolación, reconociendo que murió para redimirles, y quienes confían en
su resurrección para lograr justicia delante de Dios. Ellos están descubriendo ahora el lugar que el Señor les ha preparado proféticamente, tal y como el apóstol Pablo dijera: Que si la exclusión de los judíos (de la vida del Mesías) era la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión sino vida de entre los muertos? (Romanos 11:15). Y más adelante, el Rabino Pablo profetiza que
vendrá tiempo en que todo Israel será salvo (Romanos 11:26) por cuanto habrá reconocido en Jesús de Nazaret a su Mesías nacional y a su Salvador personal.

Demos gracias al Señor porque, con apenas excepciones, todos los judíos mesiánicos se expresan en términos similares a los que manifiestan los hermanos de la Sinagoga Mesíanica Shoresh David:

"Los creyentes gentiles son uno con nosotros porque el Espíritu de Dios morando dentro de un creyente judío es el mismo Espíritu dentro de un creyente gentil. Nuestra raza, herencia y
trasfondo pueden ser diferentes, pero Dios nos ha hecho uno en el Espíritu Santo: (Juan 10:16.)." (The Messianic Times, Sinagoga Mesiánica Shoresh David, Tampa, Florida, EE.UU. de América).

Muchas gracias por vuestra atención, y que el Señor os bendiga.

Pr. Joaquín Yebra.

 

 

 

 

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·         The Messianic Times, Material traducido de la Sinagoga Shoresh David, de Tampa, Florida, USA.

·         Predicación y comentario del Ps. Julio Barquero, en Costa Rica.